
Por: Olga María Loreto Durazo
En la actualidad la tendencia de la economía es hacia la globalización, el conocimiento y la tecnología. La mayoría de los países industrializados ya han tomado medidas para adaptarse a los vertiginosos cambios, pero las organizaciones mexicanas ¿están preparadas para enfrentar este reto?¿ existen las condiciones adecuadas para hacer frente a estas situaciones?¿cuáles son las limitantes y qué hacer para afrontarlas?, estos son algunos de los cuestionamientos que nos debemos plantear de manera urgente para definir las estrategias a seguir, si pretendemos formar parte de las economías de la era del conocimiento.
Para ello a continuación haremos un análisis de cada una de las situaciones y trataremos de dar respuesta a estas interrogantes.
Sin lugar a dudas, podemos asegurar que en México no existen las condiciones adecuadas para encaminar a las organizaciones hacia las tendencias globales, esto debido a un sinfín de factores que en conjunto dificultan el gran salto de la era industrial hacia la era del conocimiento.
La cultura del mexicano es la base fundamental que nos limita el pensamiento, si vemos en retrospectiva, desde nuestros orígenes iniciamos con una lucha de poder y posesión de territorios, claro ejemplo de ello son las constantes batallas que lidiaban las distintas tribus por el dominio de territorios y sus poblaciones, especialmente aquellas más fértiles y productivas, que hasta la fecha lo vemos reflejado en las ansias de poder de pequeños grupos quienes buscan un beneficio personal sin tomar en cuenta el bien común. Cabe aclarar sin embargo, que en la era prehispánica los mexicanos eran personas con una capacidad e inteligencia muy desarrollada, como muestra podemos mencionar las grandes aportaciones de conocimiento de la cultura maya.
Posteriormente, con la dominación española en base a la fuerza y el terror (otra muestra del deseo de poder), nos generó una cultura de sumisión que nos limitó nuestra capacidad de decisión, nos creó una dependencia a esperar de los poderosos lo que nos quisieran proporcionar, nos convirtió en autómatas dispuestos a obedecer no a pensar, y las capacidades de generar conocimiento se vieron truncadas.
Posteriormente, con la dominación española en base a la fuerza y el terror (otra muestra del deseo de poder), nos generó una cultura de sumisión que nos limitó nuestra capacidad de decisión, nos creó una dependencia a esperar de los poderosos lo que nos quisieran proporcionar, nos convirtió en autómatas dispuestos a obedecer no a pensar, y las capacidades de generar conocimiento se vieron truncadas.
Todo lo anterior lo vemos reflejado en nuestra economía actual, en la que el gobierno toma decisiones en base a los intereses de unos cuantos, sin prever tampoco las condiciones globales; la sociedad se ha acostumbrado a que éste les resuelva sus problemas, les proporcione apoyos económicos cada vez que surgen contingencias y en la mayoría de las veces estos apoyos terminan por quedar en la basura, ya que no tenemos los conocimientos para generar rendimientos.
Por otra parte, el sistema educativo es obsoleto comparado con el de otros países y al momento en que el estudiante pasa a formar parte de la población económicamente activa, se encuentra con que los conocimientos adquiridos no son suficientes para enfrentarse a las condiciones actuales del mercado mexicano, mucho menos podemos pensar en mercados extranjeros.
Y qué decir de las capacidades de innovación, ya que desde temprana edad ésta se ve truncada por restricciones familiares, para continuar su decadencia en las instituciones educativas y finalmente en el ámbito social y profesional.
Todo esto nos lleva a replantear el rumbo y enfocarnos en el quehacer para no quedarnos estancados o vivir en el conformismo, pues dejar de avanzar es sinónimo de perecer.
Las tendencias actuales basan el éxito de las organizaciones en el desarrollo de la persona, pues como es bien sabido el principal capital con que cuentan es su equipo humano, ya que sin él no existen procesos, actividades o mejoras.
Por tal motivo, es urgente enfocarnos en capacitar a los colaboradores, inculcar valores, crear una cultura de auto aprendizaje; para ello necesitamos que los empresarios cambien su mentalidad de administrador autocrático por la de líderes providenciales, es decir que pasen de ser “jefazos” que piensan que su voluntad es la única y mejor forma de hacer las cosas y que los colaboradores tienen la obligación de obedecer, a preocuparse realmente por las personas y su desarrollo, que promueva y fomente los valores, que sea congruente y predique con el ejemplo, que sea humilde, desinteresado, con la capacidad de impartir sus conocimientos y guiar a sus colaboradores no por imposición sino por convicción, esta es una gran labor para los consultores.
Esta frase de Goethe refleja lo que un líder debe hacer “Trata a la gente como si fuera lo que tendría que ser y ayúdala a convertirse en lo que es capaz de ser”
Las grandes empresas internacionales, tales como Walt Disney, Boeing, Motorola y McDonald´s han creado sus propias Universidades Empresariales en las que preparan a sus colaboradores de manera que generar su propio capital intelectual, este es otro aspecto que muy pocas organizaciones en México han considerado llevar a la práctica.
Al contar con colaboradores preparados, comprometidos y con capacidad de innovar, hay que involucrar a éstos en la implementación de procesos, tomando en cuenta que en nuestra cultura “nadie mejora lo que no hace”, es necesario hacerlos partícipes de su implementación de manera que ellos analicen, tomen decisiones, establezcan indicadores e implementen mejoras a fin de hacerlos más productivos.
Las organizaciones piramidales tienden a desaparecer para dar paso a las organizaciones horizontales, pues el hecho de dar poder a los colaboradores para la toma de decisiones genera mejores resultados y disminuye costos, al eliminar puestos directivos que realmente no conocen los procesos y sin embargo se atreven a tomar decisiones, es por ello que se debe trabajar con criterio de micronegocio, de manera que se pueda determinar la rentabilidad de cada uno de ellos para facilitar la toma de decisiones.
La tecnología es un factor primordial en este proceso de cambios, pues nos permite obtener información al mismo tiempo que podemos dar a conocer nuestros productos y servicios a través del amplio mundo de internet. También por medio de la creación de tecnología se agilizan las actividades y mejora el servicio al cliente.
Para concluir, podemos decir que en México requerimos una transformación cultural, desarrollo del potencial humano, uso y desarrollo de tecnologías, trabajo conjunto de sector público, privado y educativo, pero sobre todo muchas ganas de salir adelante.
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